Yvaine gime y se retuerce en sueños mientras el reloj de su habitación da las dos de la mañana. De repente se despierta entre jadeos, siente perlas de sudor frío recorre su frente. Se incorpora rápidamente y se encoge sobre sí misma.
Ha soñado con una pálida niña de ojos negros que le ha mostrado la muerte de su hermano en el campo de batalla, pero a la vez le ha dicho que ella puede evitarlo si encuentra la forma de parar la guerra.
"Pero por qué yo" se pregunta. Si bien es cierto que se opuso a continuar esa guerra milenaria que hacía tiempo que había perdido el sentido, sólo es una guerrera, no tiene peso en el gobierno del Reino de la Luna.
Suspira profundamente y se deshace la trenza con la que duerme. Ha tomado una decisión, irá al campo de batalla a avisar a su hermano. No lo dejará morir. Se levanta de la cama y se viste rápidamente mientras piensa que excusa le dará a su padre. Baja las escaleras a toda prisa y se dirige, casi corriendo, hasta la sala de armas. No quiere perder el tiempo.
Coge su lanza doble y se la cuelga a la espalda, también se hace con una espada corta. Corre por los pasillos de su casa hasta encontrar la puerta del despacho de su padre, sabe que está despierto, él casi nunca duerme.
- Padre,- dice mientras atraviesa la puerta del despacho- hemos de hablar.
- Yvaine, ¿qué haces levantada?
- He tenido una especie de premonición sobre mi hermano, padre. Lo vi morir.
- No digas tonterías.- responde él algo molesto- Estas preocupada por él y eso te ha hecho soñar, no es una premonición, sólo una pesadilla.
- Padre, se distinguir entre una pesadilla y una precognición.
-No digas tonterías y vuelve a la cama.
- Me voy, padre, y no podrás detenerme.
- Haz lo que te venga en gana Yvaine, ya tienes 21 años.
La joven asiente levemente con la cabeza y sale del despacho sin media palabra más. No va a despedirse de su madre, ella está muy enferma y si le habla del sueño aun se pondrá peor.
Vuelve a su habitación y rebusca entre sus cosas. Recoge su capa de viaje y su mochila y baja a las cocinas para proveerse. Una vez hecho todo eso se pone la capa color azul noche y se cala la capucha. Antes de salir de casa se arrodilla ante el altar a Lune, su dios, y le pide suerte y guía.
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